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El último libro del biólogo Alan de Queiroz recoge una parte de la investigación de Isabel Sanmartín (RJB) Friday, 07 de February de 2014 | Gabinete de Prensa

 

►    The Monkey's Voyage da cuenta del trabajo realizado por la investigadora del Real Jardín Botánico, CSIC sobre la vicarianza y la dispersión en la flora y la fauna austral, junto al científico sueco Fredrik Ronquist

 

►    El libro, publicado en inglés por la editorial Basic Books, está obteniendo críticas favorables en diarios americanos como The New York Times

 

 

The Monkey's Voyage, ("El viaje del mono", que tiene como subtítulo 'Cómo los viajes más improbables marcaron la historia de la vida') del biólogo evolucionista y profesor adjunto de la Universidad de Nevada (USA), Alan de Queiroz, recoge en uno de sus capítulos una parte del trabajo de investigación de la investigadora del Real Jardín Botánico, CSIC, Isabel Sanmartín, sobre la importancia de los procesos de vicarianza y dispersión en biogeografía.

 

El capítulo "...And the World Falls into Place Around it", del citado libro, se inicia citando a Isabel Sanmartín y al científico sueco Fredrik Ronquist por sus contribuciones en la elaboración de métodos biogeográficos cuantitativos, y recordando que su estudio, publicado en 2004, sobre la evolución de la flora y la fauna en la zona austral fue calificado de "subversivo", porque rompió un paradigma aceptado desde el establecimiento de la biogeografía analítica a mediados del siglo pasado.

 

Distribuciones geográficas como la de los mamíferos marsupiales, en las que especies emparentadas habitan regiones aisladas y entre las que no existe continuidad geográfica (por ejemplo, los continentes australes de Nueva Zelanda, Australia, y Sudamérica), se habían explicado tradicionalmente por fenómenos de "vicarianza tectónica": el antepasado de los marsupiales ocupaba un área ancestral formada por todos los continentes australes, el supercontinente mesozoico de Gondwana, que se dividió por la formación sucesiva de nuevas cuencas oceánicas. Sanmartín y Ronquist, en cambio, proponían, que procesos como la dispersión transoceánica (el ancestro se originó en un área geográfica más reducida, desde donde colonizó otras áreas cruzando barreras oceánicas) también podía ser responsable de este tipo de distribuciones.

 

El estudio fue "subversivo" por dos razones, según explica De Queiroz. Primero, por su gran escala: más de 1.000 especies de animales y plantas; y, segundo, porque utilizaba las mismas herramientas analíticas que habían usado los biogeógrafos vicariancistas para defender la vicarianza: buscar congruencia entre los patrones de distribución geográfica de organismos distintos. Eventos como la fragmentación de Gondwana no afectaron solo a los marsupiales, sino a todos aquellos grupos de organismos que habitaban este supercontinente.

 

La dispersión no es un proceso específico de cada especie

 

En cambio, la dispersión se veía como un proceso específico de cada especie. Sanmartín y Ronquist, prosigue este autor, encontraron que esto no era cierto. La dispersión también podía dar lugar a distribuciones idénticas en organismos distintos, siempre y cuando estuviera "dirigida" por algún mecanismo o factor externo.

 

En este caso, la existencia de la 'Corriente Circumantártica' que mueve aguas y vientos de oeste a este explicaría por qué muchas especies de plantas australianas tienen su especie hermana en Nueva Zelanda y no en Sudamérica, como predice la explicación vicariante.

 

Pero existía una diferencia aún más interesante, relata Alan de Queiroz en "The Plant Dispersal Thread" y "On to animals", y es que animales y plantas no parecen responder de la misma forma a la dispersión y la vicarianza. Sanmartín y Ronquist encontraron que la dispersión transoceánica parece haber jugado un papel más importante en la distribución actual de las plantas, mientras que los animales reflejan a menudo en su distribución geográfica procesos de vicarianza tectónica.

 

¿Refleja esto alguna diferencia fundamental entre animales y plantas? A la pregunta, la investigadora del Real Jardín Botánico Isabel Sanmartín señala que, "lo cierto es que hay excepciones (por ejemplo, los insectos voladores y las aves tienen una gran capacidad dispersiva), pero hemos encontrado este patrón en otras regiones. Es interesante porque mostraría que las plantas tienen mayor vagilidad, si bien su distribución esta determinada por las características físicas de las áreas que colonizan, para germinar y crecer. En cambio, los animales muestran menor capacidad de dispersión, aunque son capaces de adaptarse a cambios en la geología o el clima manteniendo su distribución ancestral".

 

Flora y fauna han saltado barreras oceánicas

 

En resumen, De Queiroz resalta que estudios como el de Sanmartín y Ronquist demuestran que la flora, como la fauna, ha saltado barreras oceánicas y las semillas, bien sopladas por el viento, bien flotando en el agua o transportadas por aves en sus patas, plumas e, incluso, en sus tripas, han superado con éxito en Atlántico o el Pacífico. Las plantas, se señala en el libro, parecen moverse. La cuestión es conocer si van a tener o no una oportunidad de sobrevivir en las nuevas zonas donde aterrizan.

 

The Monkey's Voyage, publicado hace unas semanas por la editorial Basic Books, de momento solo puede leerse en inglés. La obra está abordada con un lenguaje natural y, en varios capítulos, su expresión incluso es coloquial. Quizás por ello, junto a la curiosidad que suscita el autor, está teniendo una importante repercusión mediática, obteniendo críticas favorables en prestigiosos diarios como The New York Times.

 

Alan de Queiroz, que ha escrito numerosos artículos de investigación que van desde la biogeografía de la evolución hasta el comportamiento de los orígenes de los parásitos, inicia el relato de este libro con una experiencia personal en Baja California, en junio de 2000, cuando encontró allí una especie de serpiente que solo se localiza en la parte continental de México y, a partir de este hecho se preguntó cómo esta serpiente, al igual que otras especies de la fauna y la flora aparecen en lugares tan dispares y distintos y, además, logran sobrevivir. Una posible respuesta se encuentra en su obra.

 

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