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El Real Jardín Botánico, CSIC acerca la fotografía española de PhotoEspaña 2014 con ‘Tan lejos, tan cerca’ y ‘En el recuerdo’ Friday, 30 de May de 2014 | Gabinete de Prensa

 

►      El próximo miércoles 4 de junio se inaugura oficialmente en el RJB el XVII Festival internacional de fotografía y artes visuales que se podrá visitar hasta el 27 de julio

 

►      Las dos muestras, producidas por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte, se pueden visitar en el Pabellón Villanueva de 10:00 a 21:00 horas, con entrada gratuita previo abono del acceso al Jardín Botánico

 

 

El Real Jardín Botánico, CSIC se suma al reconocimiento que la XVII edición de PhotoEspaña tributa a las artes visuales españolas, fundamentalmente del siglo XX, presentando las exposiciones Tan lejos, tan cerca. Documentalismo fotográfico en los años 70 y En el recuerdo, que dan cuenta de la riqueza y pluralidad de la fotografía española. PHE 2014 se inaugura oficialmente el próximo miércoles 4 de junio en el Pabellón Villanueva del Jardín Botánico.

 

Las dos muestras del RJB, CSIC están producidas por la Subdirección General de Promoción de las Bellas Artes del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Tan lejos, tan cerca. Documentalismo fotográfico en los años 70, organizada con Fundació Foto Colectania y comisariada por Cristina Zelich, revisa la obra de los máximos exponentes del documentalismo fotográfico español: Koldo Chamorro, Cristina García Rodero, Cristóbal Hara, Fernando Herráez, Anna Turbau y Ramón Zabalza.

 

En la muestra En el recuerdo, los comisarios Julio César Abad y Oliva María Rubio parten de la recuperación de la obra de la fotógrafa Piedad Isla para agrupar el trabajo de otras cinco fotógrafas españolas que reflexionan sobre el papel de la memoria, tanto en un sentido personal como social. Esas cinco fotógrafas que completan la exposición son: Pilar Beltrán, Rosell Meseguer, Linarejos Moreno.

 

 

Del documentalismo al recuerdo

 

Tan lejos, tan cerca. Documentalismo fotográfico en la España de los años setenta

Pabellón Villanueva. Del 4 de junio al 27 de julio. 10:00-21:00 horas de lunes a domingo. Koldo Chamorro / Cristina García Rodero / Cristóbal Hara / Fernando Herráez / Anna Turbau / Ramón Zabalza

Comisaria: Cristina Zelich

 

Esta exposición revisa la obra de los máximos exponentes del documentalismo fotográfico en España surgidos en la década de 1970.

 

Autores fundamentales de la fotografía española que reflejaron en sus imágenes  la sociedad rural, la vida en las pequeñas ciudades de provincia, las culturas marginales y las tradiciones y fiestas populares,  con una mirada personal, alejada de cualquier estereotipo.

 

La realidad que fotografiaron estaba lejos de adecuarse a la iconografía oficial que durante los años del franquismo se había difundido a través de publicaciones ilustradas y guías turísticas. Iconografía que hacía hincapié en los aspectos más pintorescos, ofreciendo una visión idealizada.

 

Herederos, en cierto modo, del realismo humanista de los fotógrafos de la generación anterior, los seis autores que integran esta exposición colectiva se diferencian de aquellos en su enfoque, alejado de los tópicos neorrealistas; en su forma de observar y representar la realidad, recurriendo en ocasiones a encuadres que nos remiten a cierto realismo mágico; en su conciencia de estar utilizando un lenguaje con características y recursos propios; y por la percepción clara de hallarse tanto ante formas de vida y tradiciones al borde de la desaparición o la transformación, como ante realidades que evidenciaban la distancia entre la sociedad urbana y la rural.

 

Los trabajos que realizaron respondían a intereses personales, no dependían de encargos. Al tratarse de proyectos a largo plazo se sumergieron en las realidades que fotografiaban, en estrecho contacto con sus protagonistas y entornos. La obra de cada uno de ellos se singulariza a través de sus respectivos modos de entender la práctica fotográfica. Distintas sensibilidades que nos ofrecen una visión facetada de la realidad española entre finales de la década de 1970 y mediados de la de 1980.

 

 

Fernando Herráez. La Mancha, 1971.

Fernando Herráez. La Mancha, 1971.

 

 

En el recuerdo

Pabellón Villanueva. Del 4 de junio al 27 de julio. 10:00-21:00 horas de lunes a domingo. Piedad Isla / Ana Teresa Ortega / Rosell Meseguer / Beatriz Ruibal / Pilar Beltrán / Linarejos Moreno

Comisarios: Julio César Abad Vidal y Oliva María Rubio

 

Partiendo de la recuperación de la obra de la fotógrafa española fallecida hace cinco años, Piedad Isla (Cervera de Pisuerga, Palencia, 1926 - Madrid, 2009), la exposición En el recuerdo presenta también  el trabajo de otras cinco fotógrafas españolas en activo, nacidas entre 1952 y 1974, que abordan a través de sus obras una reflexión sobre el papel de la memoria, tanto en el ámbito de la intimidad familiar como en el de la memoria colectiva, tanto en un sentido personal como social.

 

Por su propia naturaleza, debido a su capacidad para capturar imágenes de la realidad en su aquí y ahora, la fotografía constituye un medio que apela al espectador de modo esencial sobre la conciencia de la fugacidad de las cosas. Las obras de estas autoras parecen, con sus particularidades estilísticas y conceptuales, poner en abismo esa conciencia de la fotografía sobre el paso del tiempo, sobre la necesidad de recordar y la amenaza del olvido que se cierne sobre todo lo que alguna vez existió.

 

Si Piedad Isla dirige una mirada vitalista y afable a la realidad de la España rural de la posguerra (concretamente, de su ámbito local más próximo, la Montaña Palentina), las fotógrafas restantes se ocupan del recuerdo de la historia bélica de nuestro país (en los casos de las fotografías de Ana Teresa Ortega y de Rosell Meseguer), de la memoria, ya explícita, ya tácita, de su propia identidad familiar (como ocurre en los casos de las obras de Beatriz Ruibal y Pilar Beltrán ) y de la familia y sus avatares como el síntoma de un diagnóstico social netamente melancólico (Linarejos Moreno).

 

 

Piedad Isla. A Huebra limpiando el monte, 1962.

Piedad Isla. A Huebra limpiando el monte, 1962.

 

 

PIEDAD ISLA

(Cervera de Pisuerga, Palencia, 1926 - Madrid, 2009)

 

Piedad Isla compaginó su producción fotográfica por encargo (retratos  para documentos públicos o con un carácter más personal y reportajes de ceremonias religiosas, como bautizos y enlaces matrimoniales) con una obra personal caracterizada por constituirse en un importante registro, tanto por su valor documental como por su sensibilidad estética, de carácter etnográfico de la Montaña Palentina, en el término septentrional de la provincia de Palencia. Pese al escaso conocimiento de su copiosísimo legado, Piedad Isla puede considerarse como una conspicua cultivadora del género etnofotográfico. Un género desarrollado en España, entre otros, por Eugene Smith (pero ausente en el caso de Isla del miserabilismo del Spanish Village realizado en Deleitosa, Cáceres y publicado en Life en 1951) y que cuenta entre los españoles con el magisterio de, entre otros, Rafael Sanz-Lobato, su coetáneo.

 

Las fotografías de Isla se caracterizan por una voluntad de comunión empática con sus retratados y testimonian los usos y costumbres de la España rural de la posguerra con una mirada conciliadora y un halo radiante y esperanzado. Piedad Isla se interesa por los trabajos de hombres y mujeres y los muestra con sus aperos de labranza, o fija su mirada en pastores, lavanderas, barberos y aun músicos. Algunas de sus más memorables imágenes descubren la improvisación lúdica, cuando no se detienen en el registro de las fiestas patronales de las comunidades a las que se acercaba. El compromiso por la divulgación del patrimonio etnográfico de su tierra dio lugar a la fundación de un museo en su localidad natal, en el que se conserva un total de mil trescientos artefactos. Su obra fotográfica alcanza unos catorce mil negativos.

 

 

ANA TERESA ORTEGA

(Alicante, 1952)

 

Vivimos en un mundo en guerra, pero salvo en territorios lejanos en los que parece tratarse de un problema endémico, las nuestras no se libran en campos en batalla. Si la hiperproliferación de testimonios foto y videográficos ha anestesiado nuestra capacidad de conmoción y vivimos las consecuencias de la ilusión de prosperidad de los años pasados en un mundo carcomido por la irresponsabilidad y la soberbia, no es menos cierto que resulta palmaria la ignorancia de nuestra historia. Y, en concreto, de los acontecimientos que generaron y construyeron un episodio tan determinante como la Guerra Civil, sobre la que todavía reina un ominoso silencio pese a la plétora -salvo honrosas excepciones- de películas y obras literarias en las que se repiten los mismos tópicos narrativos. Pero existen otras maneras de incitar a la reflexión.

 

En su serie Cartografías silenciadas (2006-2011), caracterizada por sus formatos panorámicos, Ana Teresa Ortega fotografía arquitecturas y paisajes por completo deshabitados. En el primer caso se detiene ante edificios que, destinados originalmente a otros usos, sirvieron para el confinamiento de prisioneros del bando republicano. Abundan los registros frontales (el Instituto Manzanedo, en Santoña, el Monasterio de San Marcos, en León, el Colegio de los Padres Paúles, en Murguía, Álava o La Cadellada, en Oviedo) que parecen subrayar la objetividad del proyecto. Las vistas paisajísticas, de barrancos, de palmerales o de páramos, lo son de parajes de campos de distribución de presos en los que se dio muerte a hombres y mujeres leales a la República. En uno de los casos, Ortega se detiene ante el granadino Barranco de Víznar, donde se produjo un acontecimiento luctuoso de gran carga simbólica, aún envuelto en el misterio: el asesinato de Federico García Lorca.

 

 

BEATRIZ RUIBAL

(Pontevedra, 1966)

 

Las fotografías de Beatriz Ruibal pertenecen íntegramente a su intenso proyecto titulado Madre, una pesquisa sobre la ausencia de su madre, Carmen, fallecida en abril de 2010. En conjunto se trata de un retrato implícito y poético de la fallecida, realizado a través de las fotografías de algunos de sus efectos personales y de su entorno, que Ruibal tomó desde septiembre de aquel año. Colecciones (2011) ofrece un registro, en primeros planos y sobre un fondo homogéneo, de diversos joyeros, bandejas y platos cerámicos decorativos.

 

La serie monumentaliza los objetos en composiciones centradas próximas a una catalogación científica y resulta conmovedora por el duelo que se presenta ante sus espectadores. Ya verás que pronto está aquí el verano (2011) reza uno de los paneles de un díptico, con letras bordadas sobre algodón, junto a la fotografía de unas cortinas. Una de las frases que la madre repetía a su hija para alentarla.

 

Completa su presencia en la exposición un vídeo, Los espacios que fuimos (2011), filmado en mayo de 2011 en el que, casi en un único plano secuencia, Ruibal recorre el hogar, deshabitado, mientras se escucha, sobre una pieza de piano de Chopin una voz en off, la de la propia fotógrafa leyendo, con un manifiesto nudo en la garganta, un texto de elaboración propia y de un lirismo tan embriagador como el conjunto de las imágenes que componen esta serie sobre la memoria de una madre fallecida. Madre constituye un portentoso y melancólico retrato in absentia que impele al espectador a una consideración de su propia vida y de sus afectos.

 

 

PILAR BELTRÁN

(Castellón, 1969)

 

En una serie integrada por tres dobles retratos de Madres e hijos de su círculo familiar más cercano, Pilar Beltrán ha tratado de desvelar el modo en que el tiempo deja su huella sobre los rostros y las vidas de sus modelos. Entre 1998 y 1999, y en el transcurso de diversos viajes breves durante los años que vivió en Inglaterra, y a modo de recordatorio íntimo de cuanto había dejado atrás, Beltrán tomó fotografías en blanco y negro de su padre y su abuela paterna, de su madre con su hermano menor y de su abuela materna con su tío (números I, II y III de la serie).

 

En 2005, siendo ya ella misma madre, comenzó a rehacer aquellas fotografías -en esta ocasión en color y en dimensiones sensiblemente más grandes- con el fin de capturar, en una práctica metadiscursiva de la propia naturaleza de la fotografía, el paso del tiempo. En el primer caso destaca la ausencia de uno de los modelos, el femenino, la abuela de la fotógrafa, que había fallecido para entonces. Los retratados de la segunda de las fotografías escenifican puntualmente la escena, pues la situación de su convivencia no había manifestado cambio alguno. En el tercer caso, los modelos intercambian su postura, para demostrar la inversión de la personalidad de quien auxilia al compañero.

 

 

LINAREJOS MORENO

(Madrid, 1974)

 

A la largo de su obra fotográfica y escultórica, que se sirve de la fotografía como elemento seminal, Linarejos Moreno se ha detenido ante diversos espacios ruinosos. La serie Plañideras (2007-2014) remite de manera específica a su núcleo familiar, una fábrica fundada hace medio siglo por su padre dedicada a la elaboración de elementos ferroviarios. En ella Moreno pide a una serie de mujeres que actúen como plañideras, es decir, que escenifiquen el teatro del dolor ante la próxima demolición de la fábrica.

 

Con unas series que parecen marcar el desarrollo futuro de sus proyectos artísticos, Moreno hace una reflexión vital sobre la historia de una fábrica abandonada que corre pareja al tiempo de la espera, de la frustración, en una nítida alusión a la situación de nuestros tejidos económicos y sociales. No en vano, Moreno ha titulado una de sus series Las viudas de los vivos (2009) en referencia al verso de Rosalía de Castro "As viudas dos vivos" (Follas novas. La Habana y Madrid, 1880), las mujeres que esperan largos meses a sus maridos ausentes, obligados a partir por la necesidad de buscar el sustento.

 

La serie Destrucción de Proyecciones (2009-2013) pertenece a un periodo en el que continua realizando acciones o intervenciones en otros espacios de nuestra geografía cuya desaparición esta próxima, dotando al proyecto de una dimensión histórica. Como señala la artista, estos trabajos se caracterizan "por el uso de la ruina como procedimiento. Es decir por la construcción a partir de un material que, como la ruina, presenta una fuerte ambivalencia simbólica ya que  preserva el objeto representado, pero al mismo tiempo muestra su destrucción y exige a la imaginación del espectador intervenir activamente, debido a la pérdida del uso y contexto original".

 

 

ROSELL MESEGUER

(Orihuela, Alicante, 1976)

 

Rosell Meseguer ha emprendido diversos proyectos de registro de documentos y de tomas fotográficas relacionados con establecimientos militares, búnkeres (Batería de Cenizas. Metodología de la Defensa, 1999-2007), conceptos sobre la Guerra Fría, (OVNI Archive, 2007-2013) o, más recientemente, las minas de su tierra natal, Cartagena, y sus paralelismos con explotaciones tan distantes como las de Bolivia o Chile (Archivo Tamarugal, 2006-2013).

 

Estas fotografías forman parte del proyecto Batería de Cenizas. Metodología de la defensa, centrado en registros fotográficos, instalaciones, pinturas y dibujos, como es tónica en la producción de Meseguer, de un espacio de carácter defensivo, en la actualidad abandonado, las Baterías de Atalayón del conjunto defensivo de Cabo Tiñoso (Cartagena). Una batería antiaérea construida a partir del Plan de Defensa de 1926. De importancia durante la Guerra Civil, fue desartillada en 1952 y pertenece aún al Ministerio de Defensa de España. La serie suma, en lo personal, el hecho de que el conjunto se localice en las proximidades del lugar en el que transcurrió la infancia de la artista y el de que algunos de los miembros de su familia se dedicaran a la construcción naval.

 

 

Más información:

 

http://www.rjb.csic.es/jardinbotanico/jardin/contenido.php?Pag=143&tipo=agenda&cod=1809

http://www.phe.es/es/phe/exposiciones/1/seccion_oficial

 

 

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